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Liturgia y santoral 22/10/19 FIESTA: Dedicación Catedral

 FIESTA: Dedicación de la Iglesia Catedral
Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21
Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte. Cuanto más ahora vivirán y reinarán
Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación.
En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos. Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado, causando la muerte, así también, por Jesucristo, nuestro Señor, reinará la gracia, causando una justificación que conduce a la vida eterna.

Salmo responsorial: 39
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, / y, en cambio, me abriste el oído; / no pides sacrificio expiatorio, / entonces yo digo: "Aquí estoy." R.
"-Como está escrito en mi libro- / para hacer tu voluntad." / Dios mío, lo quiero, / y llevo tu ley en las entrañas. R.
He proclamado tu salvación / ante la gran asamblea; / no he cerrado los labios: / Señor, tú lo sabes. R.
Alégrense y gocen contigo / todos los que te buscan; / digan siempre: "Grande es el Señor" / los que desean tu salvación. R.

Lucas 12,35-38
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os seguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. "


SANTORAL:
• San Juan Pablo II, San Abercio, Santa Alodia, San Benito de Massérac, Santa Córdula mártir, San Donato de Fiésole, San Leotadio de Auch, San Lupencio de Chalons, San Malón de Rouen, San Marcos de Jerusalén, San Moderano de Berceto, San Nunilo, San Valerio de Langres, San Verecundo obispo.
• Beata Esclaramunda de Foix.

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La liturgia de la dedicación de una iglesia y la celebración de su aniversario hablan de la iglesia-edificio como si éste fuera una persona, en términos personales, en concreto esponsales: «¡Adoremos a Cristo, esposo de la Iglesia»!; «Con tu acción constante, Señor, santificas a la Iglesia, esposa de Cristo, simbolizada en edificios visibles, para que así, como madre gozosa por la multitud de sus hijos, pueda ser presentada en la gloria de tu reino» (Prefacio para la misa de aniversario, extra ipsam ecclesiam dedicatam). En el libro del Apocalipsis, la imagen representa a la nueva Jerusalén como una novia que baja del cielo, preparada para los desposorios. Se trata de la nueva Jerusalén, el Pueblo de Dios, que es la Iglesia.
Este punto de partida simbólico es muy interesante para darnos cuenta de los diversos tipos de iglesia-edificios. El punto de referencia es siempre la presencia del Pueblo de Dios reunido en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, actualización en un lugar de la Iglesia de Cristo, Esposa y Madre. Pues bien, la Iglesia Catedral es una iglesia dedicada, en principio, a acoger la Iglesia local como unidad. La “Iglesia” que se evoca, cuando se habla de la Catedral, no es una comunidad particular de una diócesis, sino la diócesis misma. Las Catedrales son para la Iglesia tal y como de hecho existe, es decir, como Iglesia particular; y en cada Iglesia particular o diócesis está presente la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica, y en ella la presencia de Cristo, el Señor. La Catedral no simboliza, por tanto, una parte de la Iglesia, sino la Iglesia en la totalidad, en cuanto realizada en esta determinada Iglesia particular de Valladolid.
Hay aquí varias cosas interesantes: que se da una unión entre la catedral y la comunidad diocesana, su historia, su cultura, pues las catedrales las reflejan como una casa refleja la familia que habita en ella. ¿Por qué creéis que a los mayores y no sólo a ellos les cuesta tanto dejar su casa? La Catedral, además, y sólo ella es el punto de referencia permanente de la reunión de todos los diocesanos. Podrá haber santuarios célebres o parroquias fervientes, pero sólo la Catedral es el lugar abierto a todos. Y si sólo los miembros del Cabildo Catedral fueran los únicos fieles que quedaran en la Catedral, algo grave habría sucedido en la vida de la Iglesia local de Valladolid: se habría perdido el sentido de Iglesia diocesana, pueblo reunido en la Trinidad.
Y es que la Iglesia católica y apostólica no existe sin la cátedra episcopal. En la Bula de nombramiento de un obispo se dice que tome posesión de la sede o cátedra de Valladolid, no del obispado y de la casa del obispo, que a veces se llaman palacios. Eso quiere decir que la Iglesia católica y apostólica no existe sin la presencia de la sucesión apostólica que asegure el testimonio del Evangelio con la autoridad de su interpretación auténtica, como no existe la comunión eclesial sin el altar para reunir al Pueblo de Dios en la celebración del memorial del Señor muerto y resucitado, que es la Misa.
Y la sucesión apostólica, que garantiza el obispo, no es sino la capacidad de transmitir la verdad y la vida de Cristo, la verdad que Él nos enseñó, la verdad de lo que Él hizo, de lo que permanece para siempre y que pertenece a todo el Pueblo de Dios. Por eso, la sucesión apostólica es más que una pura transmisión de poder. Es sucesión en una Iglesia, testimonio de fe apostólica, en comunión con las otras Iglesias, sobre todo con la de Roma. El obispo, una vez ordenado, se convierte, así, en su Iglesia en garante de apostolicidad, aquél que representa la Iglesia propia en el interior de la comunión de las Iglesias, el vínculo con las otras Iglesias, bajo la autoridad del Romano Pontífice.
Pero la Catedral, además de distinguirse por la cátedra, se distingue también por el altar del obispo, porque naturalmente la Eucaristía es signo y causa de comunión y toda legítima celebración de la Eucaristía la dirige el obispo. Pero el altar, como la cátedra, no interesa tanto como objeto cuanto como símbolo. Como la cátedra, el obispo tiene también su altar en cualquier asamblea eucarística, según aquello que dice el Concilio: «En todo altar, reunida la comunidad bajo el misterio sagrado del obispo, se manifiesta el símbolo de aquella caridad y unidad del Cuerpo místico, sin la cual no puede haber salvación» (Lumen gentium, 26).
Pero esto no quita valor simbólico al altar de la iglesia catedral, abierta como está a toda la Iglesia local. Todas las celebraciones eucarísticas de los sacerdotes dependen, de alguna manera, del altar de la catedral y del obispo que lo preside. La memoria del obispo, que se hace en todas las plegarias eucarísticas, es un testimonio de comunión jerárquica y sacramental con él y expresión, a la vez, de que el presbítero que celebra la Eucaristía lo hace ocupando el lugar del obispo ausente en aquel momento. Por eso es tan significativa la recomendación de que el obispo celebre en su altar por excelencia de la catedral los tres momentos litúrgicos que se pueden considerar frontales de la vida cristiana: la Vigilia Pascual, punto central de todas las celebraciones dominicales, eucarísticas y bautismales; las ordenaciones, origen del ministerio en la Iglesia diocesana; y la misa Crismal, preparación para la pastoral de los sacramentos y de la santificación.
Hablar, pues, de la Catedral es hablar en definitiva de la presencia de la Iglesia en el mundo. Por eso hemos de cuidarla y quererla, y hacerla amable. Nuestra Catedral no puede ser únicamente una iglesia singular. Cuando se contemplan los grupos de turistas que entran en las catedrales, sobre todo las más valiosas artísticamente, o simplemente las personas que pasean por las naves examinando cada elemento, uno puede adivinar fácilmente lo que piensan: «He aquí un testimonio histórico de un pasado glorioso, el resultado de la unión entre lo cristiano y la cultura, propia de otros tiempos… Pero, actualmente, ¿para qué sirve la Catedral?»
No quiero ser pesimista; solamente que la correlación entre Catedral-museo-turismo no es ni mucho menos inocente. Y la respuesta a este problema está en mantener la Catedral en su identidad de casa de la Iglesia diocesana. La diferencia entre un museo y una catedral tiene que consistir en que ésta, la Catedral, debe estar “habitada”, no solitaria, como un museo. Y la forma de “habitar” una catedral es asegurar en ella la presencia de la comunidad que ora y celebra. Podrá ser casa abierta y acogedora para los turistas, abierta también para conciertos de música sacra; pero se debe notar que se entra en una casa familiar con las características de la familia que habitualmente la habita, aunque a veces no haya nadie.
Casa abierta, para que todos puedan entrar como en casa propia, para orar o simplemente para permanecer en silencio, en la ciudad ruidosa y rumorosa. Debe mostrarse la Catedral, además, acogedora. Y tendríamos que luchar para que así fuera. Debería también ser lugar donde se auto-manifieste la vida de la Iglesia local. Y, por supuesto, el lugar de las grandes fiestas de la comunidad cristiana.
En realidad, nada de lo que estoy diciendo será posible si los católicos no profundizan y viven lo que la Iglesia es. Hay demasiada confusión e ignorancia sobre lo que somos como Iglesia. Y no es extraño que la Catedral no sea valorada o lo fuera únicamente como edificio atrayente, como sucede en otras iglesias. Nuestra Catedral tiene su valor artístico y su atractivo. Tal vez haya que trabajar para que el atractivo sea mayor. Depende de todos. Mientras tanto demos gracias a Dios por su Iglesia, simbolizada en edificios de piedra, pero que es mucho más que eso: es la reunión de los hijos de Dios, discípulos de Cristo, reunida en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ella es nuestra Madre, la que nos ha engendrado a la vida nueva, la que nos da a Cristo, que nos da a conocer el amor del Padre en el Espíritu Santo; la que nos da a María, como miembro en el que la Iglesia ha alcanzado su plenitud. Santa Madre y Virgen Iglesia, Esposa de Cristo: te alabamos.

Liturgia y santoral 21/10/19 LUNES

FERIA
Romanos 4,20-25
Está escrito también por nosotros, a quienes nos valdrá si creemos en él
Hermanos: Ante la promesa de Dios Abrahán no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le valió la justificación. Y no sólo por él está escrito: "Le valió", sino también por nosotros, a quienes nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

Interleccional: Lucas 1,69-75
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.
Nos ha suscitado una fuerza de salvación / en la casa de David, su siervo / según lo había predicho desde antiguo / por boca de sus santos profetas. R.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos / y de la mano de todos los que nos odian; / realizando la misericordia / que tuvo con nuestros padres, / recordando su santa alianza. R.
Y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. / Para concedernos que, libres de temor, / arrancados de la mano de los enemigos, / le sirvamos con santidad y justicia, / en su presencia, todos nuestros días. R.

Lucas 12,13-21
Lo que has acumulado, ¿de quién será?
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: "Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia." Él le contestó: "Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?" Y dijo a la gente: "Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes."
Y les propuso una parábola: "Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios."


SANTORAL:
• Santa Laura Montoya, San Bertoldo de Parma, Santa Cilina de Laon, San Hilarión anacoreta, San Juan de Bridlington, San Malco monje, San Mauronto de Marsella, San Pedro Yu Tae-ch’l, San Severino de Burdeos, Santa Úrsula, San Vendelino de Tréveris, San Viator de Lyon.
• Beatos Luigi y María Beltrame, Beato Pedro Capucci.

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Santa Laura Montoya (1874-1949)
La Madre Laura Montoya Upegui, estando en la Basílica de San Pedro en el mes de noviembre del año 1930, después de una viva oración eucarística escribe: «Tuve fuerte deseo de tener tres largas vidas: La una para dedicarla a la adoración, la otra para pasarla en las humillaciones y la tercera para las misiones; pero al ofrecerle al Señor estos imposibles deseos, me pareció demasiado poco una vida para las misiones y le ofrecí el deseo de tener un millón de vidas para sacrificarlas en las misiones entre infieles! Mas, ¡he quedado muy triste! y le he repetido mucho al Señor de mi alma esta saetilla: ¡Ay! Que yo me muero al ver que nada soy y que te quiero!».
Esta gran mujer que así escribe, la Madre Laura Montoya, maestra de misión en América Latina, servidora de la verdad y de la luz del Evangelio, nació en Jericó, Antioquia, pequeña población colombiana, el 26 de Mayo de 1874, en el hogar de Juan de la Cruz Montoya y Dolores Upegui, una familia profundamente cristiana. Recibió las aguas regeneradoras del Bautismo cuatro horas después de su nacimiento. El sacerdote le dio el nombre de María Laura de Jesús. Dos años tenía Laura cuando su padre fue asesinado, en cruenta guerra fratricida por defender la religión y la patria. Dejó a su esposa y sus tres hijos en orfandad y dura pobreza, a causa de la confiscación de los bienes por parte de sus enemigos. De labios de su madre, Laura aprendió a perdonar y a fortalecer su carácter con cristianos sentimientos.
Desde sus primeros años, su vida fue de incomprensiones y dolores. Supo lo que es sufrir como pobre huérfana, mendigando cariño entre sus mismos familiares. Aceptando con amor el sacrificio, fue dominando las dificultades del camino. La acción del Espíritu de Dios y la lectura espiritual especialmente de la Sagrada Escritura, la llevaron por los caminos de la oración contemplativa, penitencia y el deseo de hacerse religiosa en el claustro carmelitano. Tenía sed de Dios y quería ir a El “como bala de cañón ”.
Esta mujer admirable crece sin estudios, por las dificultades de pobreza e itinerancia a causa de su orfandad, hasta la edad de 16 años cuando ingresa en la Normal de Institutoras de Medellín, para ser maestra elemental y de esta manera ganarse el sustento diario. Sin embargo, llega a ser una erudita en su tiempo, una pedagoga connotada, formadora de cristianas generaciones, escritora castiza de alto vuelo y sabroso estilo, mística profunda por su experiencia de oración contemplativa.
En 1914, apoyada por monseñor Maximiliano Crespo, obispo de Santa Fe de Antioquia, funda una familia religiosa: Las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena, obra religiosa que rompe moldes y estructuras insuficientes para llevar a cabo su ideal misionero según lo expresa en su Autobiografía: Necesitaba mujeres intrépidas, valientes, inflamadas en el amor de Dios, que pudieran asimilar su vida a la de los pobres habitantes de la selva, para levantarlos hacia Dios.
Maestra catequista de los indios
Su profesión de maestra la llevó por varias poblaciones de Antioquia y luego al Colegio de La Inmaculada en Medellín. En su magisterio no se contenta con el saber humano sino que expone magistralmente la doctrina del Evangelio. Forma con la palabra y el ejemplo el corazón de sus discípulas, en el amor a la Eucaristía y en los valores cristianos. En un momento de su trayectoria como maestra, se siente llamada a realizar lo que ella llamaba “la Obra de los indios”: En 1907 estando en la población de Marinilla, escribe: “me vi en Dios y como que me arropaba con su paternidad haciéndome madre, del modo más intenso, de los infieles. Me dolían como verdaderos hijos”. Este fuego de amor la impulsa a un trabajo heroico al servicio de los indígenas de las selvas de América.
Busca recursos humanos, fomenta el celo misionero entre sus discípulas, escoge cinco compañeras a quienes prende el fuego apostólico de su propia alma. Aceptando de antemano los sacrificios, humillaciones, pruebas y contradicciones que se ven venir, acompañadas por su madre Doloritas Upegui, el grupo de “Misioneras catequistas de los indios” sale de Medellín hacia Dabeiba el 5 de Mayo de 1914. Parten hacia lo desconocido, para abrirse paso en la tupida selva. Van, no con la fuerza de las armas, sino con la debilidad femenina apoyada en el Crucifijo y sostenida por un gran amor a María la Madre y Maestra de esta Obra misionera. “Ella, la Señora Inmaculada me atrajo de tal modo, que ya me es imposible pensar siquiera en que no sea Ella como el centro de mi vida”. La celda carmelitana, objeto de sus ansias en el tiempo de su juventud, le pareció demasiado fría ante aquellas selvas pobladas de seres humanos sumidos en la infidelidad, pero amados tiernamente por Dios. “Siento la suprema impotencia de mi nada y el supremo dolor de verte desconocido, como un peso que me agobia”.
Comprende la dignidad humana y la vocación divina del indígena. Quiere insertarse en su cultura, vivir como ellos en pobreza, sencillez y humildad y de esta manera derribar el muro de discriminación racial que mantenían algunos líderes civiles y religiosos de su tiempo. La solidez de su virtud fue probada y purificada por la incomprensión y el desprecio de los que la rodeaban, por los prejuicios y las acusaciones de algunos prelados de la iglesia que no comprendieron en su momento, aquel estilo de ser “religiosas cabras”, según su expresión, llevadas por el anhelo de extender la fe y el conocimiento de Dios hasta los más remotos e inaccesibles lugares, brindando una catequesis vivencial del Evangelio. Su Obra misionera rompió esquemas, para lanzar a la mujer como misionera en la vanguardia de la evangelización en América latina. El quemante “SITIO”- Tengo sed- de Cristo en la Cruz , la impulsa a saciar esta sed del crucificado :”¡Cuánta sed tengo! ¡Sed de saciar la vuestra Señor! Al comulgar nos hemos juntado dos sedientos: Vos de la gloria de vuestro Padre y yo de la de vuestro corazón Eucarístico! Vos de venir a mí, y yo de ir a Vos”.
Mujer de avanzada, elige como celda la selva enmarañada y como sagrario la naturaleza andina, los bosques y cañadas, la exuberante vegetación en donde encuentra a Dios. Escribe a las Hermanas: ”No tienen sagrario pero tienen naturaleza; aunque la presencia de Dios es distinta, en las dos partes está y el amor debe saber buscarlo y hallarlo en donde quiera que se encuentre.”
Redacta para ellas las “Voces Místicas”, inspirada en la contemplación de la naturaleza, y otros libros como el Directorio o guía de perfección, que ayudan a las Hermanas a vivir en armonía entre la vida apostólica y la contemplativa. Su Autobiografía es su obra cumbre, libro de confidencias íntimas, experiencia de sus angustias, desolaciones e ideales, vibraciones de su alma al contacto con la divinidad, vivencias de su lucha titánica por llevar a cabo su vocación misionera. Allí muestra su “pedagogía del amor”, pedagogía acomodada a la mente del indígena, que le permite adentrarse en la cultura y el corazón del indio y del negro de nuestro continente.
La Madre Laura centra su Eclesiología en el amor y la obediencia a la Iglesia. Vive para la Iglesia a quien ama entrañablemente, y para extender sus fronteras no mide dificultades, sacrificios, humillaciones y calumnias.
Esta infatigable misionera, pasó nueve años en silla de ruedas sin dejar su apostolado de la palabra y de la pluma. Después de una larga y penosa agonía, murió en Medellín el 21 de octubre de 1949. A su muerte dejó extendida su Congregación de Misioneras en 90 casas distribuidas en tres países, con un número de 467 religiosas. En la actualidad las Misioneras trabajan en 19 países distribuidas en América, África y Europa.
Por todo lo que vivió hizo y significo la Madre Laura en su época y por todo lo que seguirá significando para la sociedad, la Congregación y la Iglesia, hoy la Congregación por ella fundada se llena de alegría al ver concretizado y culminado su proceso de Beatificación, abierto el 4 de julio de 1963, en la capilla de la Curia Arquidiocesana de Medellín, en el cual se nombró el tribunal eclesiástico para buscar diligentemente los escritos de la Sierva de Dios Laura Montoya Upegui, instruir el proceso informativo sobre su fama de santidad, virtudes en general y posibles milagros realizados por la Sierva de Dios. Hoy este proceso que duro cuarenta años ha llegado a su culminación, cuando en Roma el pasado 7 de julio, en la sala Clementina, SS. Juan Pablo II, en presencia de los miembros de la Congregación para las Causas de los Santos y de los Postuladores de las respectivas causas, promulgó el decreto de beatificación de la Madre Laura Montoya Upegui.

Liturgia y santoral 20/10/19 XXIX DOMINGO ORDINARIO

XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Éxodo 17,8-13
Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel
En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín.
Moisés dijo a Josué: "Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el bastón maravilloso de Dios en la mano."
Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; mientras Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte.
Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía baja, vencía Amalec. Y, como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado.
Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol.
Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada.

Salmo responsorial: 120
El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R.
No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. R.
El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. R.
El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre. R.

2Timoteo 3, 14-4, 2
El hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena
Querido hermano: Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación.
Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.
Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

Lucas 18, 1-8
Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: "Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario."
Por algún tiempo se llegó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.""
Y el Señor añadió: "Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?"


SANTORAL:
• Santa Aca, Santa Adelina, San Aderaldo de Troyes, San Andrés Calibita, San Artemio, Santa Aurora, San Caprasio de Agen, San Honorio abad, Santa Irene de Tancor, San Leopardo de Osimo, Santa María Bertila Boscardin, San Sindulfo de Aussonce, San Vital de Salzburg, Santa Magdalena de Nagasaki.
• Beato Jacobo de Strepa, Beato Jakob Kern, Beata María Teresa de Soubiran La Louvière.

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Santa Irene de Tancor (ca. 635 - 653), fue una religiosa portuguesa nacida en lo que hoy es la ciudad de Tomar, Portugal, en el siglo VII.
Nacida de una familia influyente, sus padres desde muy temprana edad decidieron protegerla enviándola a un convento, sin embargo, según la leyenda, esta joven virgen fue asesinada el año 653 por un pretendiente rechazado que consideró que era demasiado hermosa para ser monja. Su cuerpo, fue posteriormente lanzado al río Tajo desde donde fue rescatado incorrupto por monjes benedictinos muy cerca de la ciudad de Scalabris, donde se le dio sepultura. Según la leyenda, la devoción por la Santa Virgen fue tan grande que los habitantes decidieron cambiar el nombre de la ciudad de Scalabris por el de Santarém (Santa Irene).

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