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Liturgia y santoral 23/6/19 Solemn: Corpus Christi

 Solemnidad: SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
Génesis 14, 18-20
Sacó pan y vino
En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo: "Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos."
Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.

Salmo responsorial: 109, 1. 2. 3. 4
Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
Oráculo del Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies." R.
Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos. R.
"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora." R.
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: "Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec." R.

1Corintios 11, 23-26
Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor
Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:
Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía."
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía."
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Lucas 9, 11b-17
Comieron todos y se saciaron
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.
Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: "Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado."
Él les contestó: "Dadles vosotros de comer."
Ellos replicaron: "No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío."
Porque eran unos cinco mil hombres.
Jesús dijo a sus discípulos: "Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta."
Lo hicieron así, y todos se echaron.
Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.


SANTORAL:
• Santa Agripina, San Bilio, Santa Ediltrudis o Eteldreda, San José Cafasso, San Lanfranco, Santo Tomás Garnet, San Walhero, San Zenas de Filadelfia, San Zenón de Filadelfia.
• Beata María de Oignies, Beata María Rafaela Cimatti, Beato Pedro Jacobo de Pésaro.

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Corpus Christi es la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía.

Este día recordamos la institución de la Eucaristía que se llevó a cabo el Jueves Santo durante la Última Cena, al convertir Jesús el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre.

Es una fiesta muy importante porque la Eucaristía es el regalo más grande que Dios nos ha hecho, movido por su querer quedarse con nosotros después de la Ascensión.

Origen de la fiesta:

Dios utilizó a santa Juliana de Mont Cornillon para propiciar esta fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que irse del convento. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haberse intensificado por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.

Ella le hizo conocer sus ideas a Roberto de Thorete, el entonces obispos de Liège, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos; a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano IV. El obispo Roberto se impresionó favorablemente y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; también el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan debía escribir el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

El obispo Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez por los cánones de San Martín en Liège. Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de 1261. La ermitaña Eva, con quien Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora de la Santa Eucaristía, le insistió a Enrique de Guelders, obispo de Liège, que pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.

Urbano IV, siempre siendo admirador de esta fiesta, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio. Este oficio, compuesto por el doctor angélico, Santo Tomás de Aquino, por petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha sido admirado aun por Protestantes.

La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. Publicó un nuevo decreto incorporando el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó su observancia.

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes en a partir del siglo XIV.

La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306; en Worms la adoptaron en 1315; en Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurección de Nuestro Señor Jesucristo

Liturgia y santoral 22/6/19 ML: SS. JUAN FISHER y TOMAS MORO

Memoria libre:
SANTOS JUAN FISHER, obispo, y TOMAS MORO, mártires

2Corintios 12,1-10
Muy a gusto presumo de mis debilidades
Hermanos: Toca presumir. Ya sé que no está bien, pero paso a las visiones y revelaciones del Señor. Yo sé de un cristiano que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo, con el cuerpo o sin cuerpo, ¿qué sé yo?, Dios lo sabe. Lo cierto es que ese hombre fue arrebatado al paraíso y oyó palabras arcanas, que un hombre no es capaz de repetir; con el cuerpo o sin cuerpo, ¿qué sé yo?, Dios lo sabe. De uno como ése podría presumir; lo que es yo, sólo presumiré de mis debilidades.
Y eso que, si quisiera presumir, no diría disparates, diría la pura verdad; pero lo dejo, para que se hagan una idea de mí sólo por lo que ven y oyen. Por la grandeza de estas revelaciones, para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: "Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad." Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Salmo responsorial: 33
Gustad y ved qué bueno es el Señor.
El ángel del Señor acampa / en torno a sus fieles y los protege. / Gustad y ved qué bueno es el Señor, / dichoso el que se acoge a él. R.
Todos sus santos, temed al Señor, / porque nada les falta a los que lo temen; / los ricos empobrecen y pasan hambre, / los que buscan al Señor no carecen de nada. R.
Venid, hijos, escuchadme: / os instruiré en el temor del Señor; / ¿hay alguien que ame la vida / y desee días de prosperidad? R.

Mateo 6,24-34
No os agobiéis por el mañana
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y yo os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos."


SANTORAL:
• San Albano de Verulamium, Santa Consorcia vírgen, San Eusebio de Samosata, San Flavio Clemente, San Juan Fisher, San Nicetas de Remesiana, San Paulino de Nola, Santo Tomás Moro.
• Beato Inocencio V.

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San Juan Fisher, obispo, cardenal y mártir, nació en 1469, en Beverley. El padre de Juan, modesto comerciante, murió cuando sus hijos eran todavía muy jóvenes. A los catorce años, Juan fue a estudiar en la Universidad de Cambridge. Se distinguió tanto en los estudios, que fue nombrado catedrático en el famoso colegio Michaelhouse, el cual, desde entonces, se unió al Trinity College. A los veintidós años obtuvo la dispensa de edad para ordenarse sacerdote y llegó a ser, sucesivamente, doctor en teología, director de Michaelhouse y vicecanciller de la Universidad. En 1502, renunció a su cátedra para ejercer el cargo de capellán de la madre del rey, Margarita Beaufort, condesa de Richmond y Derby. Según parece, Margarita Beaufort había conocido al P. Fisher siete años antes, cuando éste había ido a la corte que se hallaba en Greenwich para arreglar algunos asuntos de la Universidad. Como todas las otras personas que le conocían, Margarita Beaufort quedó impresionada de su saber y de su santidad. La madre del rey era una mujer muy inteligente, erudita y rica, que había vivido en un mundo de intrigas y políticas con los tres esposos que tuvo. Al quedar viuda por tercera vez, decidió consagrar el resto de su vida a Dios, bajo la dirección del P. Fisher. Guiada por el santo, Margarita empleó sabiamente su fortuna. Entre otras cosas fundó en la Universidad de Cambridge los colegios de Cristo y de San Juan para sustituir a otros colegios antiguos que estaban en plena decadencia y estableció en la Universidad de Oxford una cátedra de teología. La Universidad de Cambridge considera a Margarita Beaufort como su principal bienhechora, con toda justicia. Desgraciadamente, dicha Universidad olvidó con mayor facilidad lo que debe a Juan Fisher. Cuando el santo llegó a Cambridge, los estudios estaban en decadencia; no se enseñaba el griego ni el hebreo, y la biblioteca de la Universidad no tenía más que trescientos volúmenes. Ahora bien, Juan Fisher no sólo se ocupó de todos los asuntos administrativos relacionados con las fundaciones de Margarita Beaufort, sino que trabajó mucho por fomentar los estudios en la Universidad; fundó varias becas, introdujo nuevamente el griego y el hebreo en el programa y consiguió que Erasmo fuese a enseñar en Cambridge.
En 1504, Juan Fisher fue elegido canciller de la Universidad y desempeñó ese oficio hasta su muerte. Poco después, en el mismo año, el rey Enrique VII (padre de Enrique VIII) le nombró obispo de Rochester, aunque sólo tenía treinta y cinco años. El santo aceptó, no sin cierta repugnancia, esa dignidad que venía a sumarse al trabajo que tenía ya en la Universidad. A pesar de ello, cumplió con sus deberes pastorales con un celo desacostumbrado en aquella época; visitaba su diócesis, administraba la confirmación, fomentaba la disciplina entre el clero, iba a ver a los enfermos pobres en sus chozas, distribuía limosnas generosamente y era extraordinariamente hospitalario. Aunque parezca increíble, encontraba todavía tiempo para escribir libros y continuar los estudios. A los cuarenta y ocho años, empezó a estudiar el griego y, a los cincuenta y dos, el hebreo. Todavía se conservan las oraciones fúnebres que pronunció en 1509, en ocasión de la muerte de Enrique VII y de Margarita de Beaufort. Ambas piezas oratorias forman parte de los clásicos de la época. La oración fúnebre del rey constituye un tributo noble y sincero a la memoria del soberano y apenas tiene algo del tono adulatorio exagerado que acostumbraba emplearse en aquellas circunstancias. El santo obispo llevaba una vida muy austera; sólo dormía cuatro horas, se disciplinaba con frecuencia y, durante las comidas, tenía ante sí una calavera para acordarse de la muerte. En lo humano, su gran placer eran los libros, y formó una de las mejores bibliotecas de Europa, con la intención de legarla a la Universidad de Cambridge.
Era tan poco ambicioso que, cuando le ofrecían otras sedes más ricas que la suya, respondía que «no cambiaría a su pobre esposa por la más rica viuda de Inglaterra». Cuando el luteranismo empezó a propagarse, sobre todo en Londres y sus universidades, el santo fue elegido para predicar contra aquella doctrina, en razón de su saber y elocuencia. Escribió cuatro gruesos volúmenes contra Lutero, donde se publicó la primera refutación de la nueva doctrina. Estos y otros trabajos literarios hicieron famoso a Juan Fisher no sólo en Inglaterra, sino en toda Europa. Más tarde, un monje cartujo felicitó al santo por los servicios que había prestado a la Iglesia con sus escritos; Juan Fisher le respondió que lamentaba no haber consagrado ese tiempo a la oración, pues con ello hubiese servido aún mejor a la Iglesia. El embajador de Carlos V escribía que Juan Fisher era «el ejemplo de todos los obispos de la cristiandad, por su saber y santidad», y el rey Enrique VIII decía, en su juventud, que ningún otro reino poseía un prelado tan distinguido como él. La gran intuición del santo obispo le hizo comprender perfectamente los vicios de su tiempo y los peligros que amenazaban a la Iglesia. También él era un reformador de los abusos y los vicios, pero no un deformador de la verdad. En un sínodo que convocó el cardenal Wolscy, en 1518, el santo protestó valientemente contra la mundanidad, la laxitud y la vanidad del alto clero, que generalmente obtenía las dignidades eclesiásticas por los servicios que prestaba al Estado. Como Juan Fisher, a diferencia de otros obispos, no intentaba servir a dos señores, sostuvo sin vacilar, nueve años más tarde, la validez del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón.
En 1529, fue uno de los consejeros de la reina en el proceso de anulación del matrimonio, que se llevó a cabo en Blackfriars ante el cardenal Campeggio y actuó como el mejor de los defensores de Catalina de Aragón. En un elocuente discurso ante la corte, demostró la validez del matrimonio, argüyó que ningún poder humano o divino tenía derecho de disolverlo y terminó por recordar que san Juan Bautista había sufrido el martirio por defender el vínculo matrimonial. El rey respondió a los argumentos del obispo con un documento furibundo que se conserva todavía en el «Record Office», con las anotaciones marginales de Juan Fisher. Poco después, Roma reservó el asunto para su examen y con ello terminó la participación del santo. Pero, después de defender la santidad del matrimonio, Juan Fisher iba a convertirse en el paladín de los derechos de la Iglesia y de la supremacía del Papa. Como miembro de la Cámara de los Lores, clamó contra las medidas anticlericales que había aprobado la Cámara de los Comunes. «Esas medidas equivalen a gritar: ¡Muera la Iglesia!», clamó el santo. También protestó violentamente cuando se obligó a la asamblea a reconocer que Enrique VIII era la cabeza de la Iglesia. Él fue quien consiguió que se introdujesen en el documento de aprobación las palabras «En cuanto lo permite la ley de Cristo»; y aun eso lo consideró como un mal menor. Juan Fisher no necesitaba de las súplicas de sus amigos y de las amenazas de sus enemigos para comprender el peligro en que se colocaba al oponerse al poder real. Ya había estado dos veces en la cárcel; sus enemigos habían intentado envenenarle y en otra ocasión la bala que se había disparado contra él desde la orilla opuesta del río penetró por la ventana de la biblioteca donde él se hallaba. Tomás Cromwell trató en vano de complicarle en el asunto de Isabel Barton, «la santa doncella de Kent», una religiosa que pronunciaba ataques personales contra el rey por el tema del divorcio. Pero cuando las Cámaras aprobaron la cuestión de la sucesión, la suerte de Juan Fisher quedó sellada. En efecto, sus enemigos le convocaron a Lambeth para que firmara el documento sobre la sucesión, a pesar de que estaba tan enfermo, que perdió el conocimiento en el camino de Rochester a Londres. El santo no tenía nada que objetar a la cuestión de la sucesión estrictamente dicha, pero se negó a prestar el juramento en la forma en que se hallaba redactado, porque eso equivalía a afirmar la supremacía del rey. El mismo había escrito a Cromwell: "Yo no condeno la conciencia de los otros. Pero ellos se van a salvar con su conciencia y yo con la mía". Estas palabras se referían al hecho de que los otros obispos habían prestado el juramento. Por negarse a prestarlo, Juan Fisher fue inmediatamente encarcelado en la Torre de Londres.
Cuando las cortes aprobaron oficialmente la acusación de traición que se había hecho al santo, éste fue depuesto de su sede, que se consideró como vacante. Juan Fisher tenía entonces sesenta y seis años, pero la mala salud, las austeridades que había practicado y lo que había tenido que sufrir, le daban el aspecto de un hombre de ochenta años. Según se dice, estaba tan débil, que apenas podía soportar el peso de los vestidos. El cardenal Pole, que le había visto tres años antes consumido por la fatiga, se admiraba de que el santo hubiese podido resistir diez meses de prisión en la Torre de la Campana. En noviembre de 1535, el papa Paulo III le envió el capelo cardenalicio, lo cual enfureció al rey y apresuró el desenlace. Enrique VIII exclamó: «Que el Papa envíe el capelo, si quiere. Yo me encargaré de que Fisher lo lleve sobre los hombros, porque ya no tendrá cabeza». Como la voluntad real era ley, nadie dudó de que el juicio del santo obispo terminaría en una condena a muerte. En efecto, aunque algunos de los jueces lloraron, la sentencia a la pena capital fue leída el 17 de junio de 1535.
Cinco días después, los guardias le despertaron a las cinco de la mañana para llevarle al sitio de la ejecución. El santo les rogó que le dejasen descansar un poco más y durmió tranquilamente dos horas. Después se vistió y se echó sobre los hombros una capa de piel «para no enfriarme antes de la ejecución», según observó. En seguida tomó su pequeño ejemplar del Nuevo Testamento y descendió penosamente la escalera, a causa de la debilidad. A la puerta le esperaba una carreta que le condujo a la salida de la prisión. Ahí tuvo que aguardar unos momentos, reclinado contra la pared; abrió su Nuevo Testamento y pidió a Dios que le diese valor. Según se dice, las primeras palabras que leyó fueron las de Cristo antes de su pasión: «La vida eterna consiste en conocerte a Ti, único Dios verdadero y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra y he cumplido la tarea que Tú me habías confiado». Fortificado por estas palabras, el anciano pudo ir a pie hasta Tower Hill y subir solo al cadalso. Cuando se volvió para dirigir unas palabras a la multitud, su silueta alta y escuálida semejaba un esqueleto. Con voz muy clara, dijo que moría por la fe de la Santa Iglesia Católica, fundada por Cristo y pidió a la multitud que rogase por él para no flaquear ante la muerte. Cuando terminó de recitar el «Te Deum» y el salmo «In te Domine speravi», los guardias le vendaron los ojos. La cabeza del santo rodó por tierra al primer golpe del hacha del verdugo. La venganza de Enrique VIII persiguió al siervo de Dios más allá de la muerte: su cuerpo, que quedó todo el día expuesto a la curiosidad de la chusma, fue arrojado sin ninguna consideración en un hoyo del atrio de la iglesia de All Hallows Barking; su cabeza estuvo clavada dos semanas en el puente de Londres, junto con las de los mártires cartujos. Según un cronista, «parecía que la cabeza estaba viva y miraba a los que se dirigían a Londres». Quince días después, la cabeza del santo fue arrojada al río para dejar el sitio a la de Tomás Moro. En mayo de 1935, casi exactamente cuatro siglos después de su muerte, Juan Fisher fue solemnemente canonizado, junto con su amigo Tomás Moro.

Liturgia y santoral 21/6/19 MO: S. LUIS GONZAGA

 M. obligatoria: SAN LUIS GONZAGA, religioso
2Corintios 11,18.21b-30
Aparte de todo lo demás, la carga de cada día, la preocupación por todas las Iglesias
Hermanos: Son tantos los que presumen de títulos humanos, que también yo voy a presumir. Pues, si otros se dan importancia, hablo disparatando, voy a dármela yo también. ¿Que son hebreos?, también yo; ¿que son linaje de Israel?, también yo; ¿que son descendientes de Abrahán?, también yo; ¿que sirven a Cristo?, voy a decir un disparate: mucho más yo.
Les gano en fatigas, les gano en cárceles, no digamos en palizas, y en peligros de muerte, muchísimos; los judíos me han azotado cinco veces, con los cuarenta golpes menos uno; tres veces he sido apaleado, una vez me han apedreado, he tenido tres naufragios y pasé una noche y un día en el agua. Cuántos viajes a pie, con peligros de ríos, con peligros de bandoleros, peligros entre mi gente, peligros entre gentiles, peligros en la ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros con los falsos hermanos. Muerto de cansancio, sin dormir muchas noches, con hambre y sed, a menudo en ayunas, con frío y sin ropa. Y, aparte de todo lo demás, la carga de cada día, la preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién enferma sin que yo enferme?; ¿quién cae sin que a mí me dé fiebre? Si hay que presumir, presumiré de lo que muestra mi debilidad.

Salmo responsorial: 33
El Señor libra a los justos de sus angustias.
Bendigo al Señor en todo momento, / su alabanza está siempre en mi boca; / mi alma se gloría en el Señor: / que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor, / ensalcemos juntos su nombre. / Yo consulté al Señor, y me respondió, / me libró de todas mis ansias. R.
Contempladlo, y quedaréis radiantes, / vuestro rostro no se avengonzará. / Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha / y lo salva de sus angustias. R.

Mateo 6, 19-23
Donde está tu tesoro, allí está tu corazón
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón.
La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!"


SANTORAL:
• Santa Demetria de Roma, San Engelmundo, San Inocencio de Mérida, San José Isabel Flores Varela, San Juan Rigby, San Leufredo, San Luis Gonzaga, San Meveno de Gaël, San Radulfo de Bourges, San Raimundo de Barbastro.
• Beato Jacobo Morelle Dupas, Beato Tomás Corsini.

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San Luis Gonzaga (Castiglione delle Stiviere, Marquesado de Castiglione, 9 de marzo de 1568 - Roma, 21 de junio de 1591) fue un religioso jesuita italiano. Beatificado por Paulo V el 19 de octubre de 1605, y canonizado el 13 de diciembre de 1726 por Benedicto XIII, quien lo declaró patrono de la juventud, título confirmado por Pío XI el 13 de junio de 1926. Se celebra su fiesta el 21 de junio.
Biografía
Primogénito de Ferrante Gonzaga, marqués de Castiglione delle Stiviere, quien en 1566, estando al servicio del rey español Felipe II, se casó en la capilla del Real Alcázar de Madrid con Marta Tana de Santena, dama de la reina Isabel de Valois. Fue el primero de siete hijos y heredero del título.
Después de la batalla de Lepanto (1571), don Ferrante recibió el encargo de preparar 3.000 infantes para la empresa de Túnez, y se trasladó a Castelmagiore con su hijo Luis que, durante cuatro o cinco años, vivió entre los soldados. Cuando en 1573 su padre se embarcó para África, Luis regresó a Castiglione, donde, con su madre y sus hermanos, vivió una vida de intensa piedad. La peste de 1576, impulsó a su padre a llevar a sus dos hijos mayores, Luis y Rodolfo, a Florencia, cuyo gran duque Francisco de Médicis, había sido compañero suyo en Madrid. Hasta 1580, Luis y Rodolfo estuvieron al cuidado de un maestroPierfrancesco del Turco, quien les buscó maestros de caligrafía, latín, equitación. Cuando en 1579 Ferrante fue nombrado gobernador de Monferrato por el duque de Mantua Guillermo Gonzaga, hizo conducir a sus hijos a la corte ducal. En Mantua, la duquesa Leonor de Austria cuidó a Luis como una madre. Una dolencia hepática le obligó a seguir severas dietas, que le ayudaron en su vida de penitencia. A los 12 años recibió allí la primera comunión de manos de San Carlos Borromeo que se encontraba de visita por la región de Brescia.
En 1581, su padre se trasladó a Madrid como parte del séquito de la ex emperatriz María de Habsburgo, hija de Carlos I y viuda de Maximiliano II; Luis y Rodolfo serían pajes del príncipe don Diego, heredero de Felipe II. En la corte de España el Libro de la oración y meditación de Luis de Granada fue su guía de vida interior, al paso que recibía lecciones de ciencias del Dr. Dimas de Miguel, amigo de Juan de Herrera.
Vocación religiosa
Estudió letras, ciencias y filosofía, leyó textos religiosos que le hicieron tomar la decisión de entrar en la Compañía de Jesús. Los esfuerzos de su padre por retenerlo, confiándole delicados asuntos de su familia en Lombardía, no consiguieron nada. El 2 de noviembre de 1583, en el palacio de los Gonzaga de Mantua, cedió a su hermano Rodolfo todos sus derechos como primogénito, añadiendo: «¿Quién de los dos es más feliz?; ciertamente, yo». Dada la importancia estratégica del marquesado de Castiglione, fue necesario que la cesión fuera aprobada por el Emperador.
El 25 del mismo mes entraba en el noviciado jesuita de Roma. Siguieron luego los estudios de filosofía y teología. En 1587 recibió las órdenes menores.
Dos años después, su director espiritual, Roberto Belarmino, le comunicó la orden del padre general Claudio Acquaviva de trasladarse a Castiglione para poner paz entre Rodolfo y el duque de Mantua en sus disputas por el castillo de Solferino, a petición de las madres de entrambos. Lo consiguió y, además, indujo a Rodolfo a hacer público su matrimonio clandestino con Elena Aliprandi, sin dar importancia a las diferencias sociales.
Fallecimiento
En 1560-1593 la peste hizo estragos en Roma, causando miles de muertes entre ellas la de los papas Sixto V, Urbano VII y Gregorio XIV. Luis atendió con heroísmo a los apestados en S. Giacomo degli Incurabili, en San Juan de Letrán, en S. María de la Consolación, y en el hospital improvisado junto a la iglesia del Gesú, donde contrajo la enfermedad. Así moría a los 23 años, tras una vida rica en experiencias. Reconocía que «el Señor le había dado un gran fervor en ayudar a los pobres», y añadía: «cuando uno tiene que vivir pocos años, Dios lo incita más a emprender tales acciones».

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