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III Pregón Vera Cruz: D. Alejandro Rebollo Matías

III PREGÓN DE LA CUARESMA Y LA SEMANA SANTA

COFRADÍA DE LA SANTA VERA CRUZ

VIERNES, 24 FEBRERO 2017

20:30 HORAS

Pregon1


IN HOC SIGNO VINCES: CON ESTE SIGNO VENCERÁS
PREGON PREVIO A LA CUARESMA. VENARABLE COFRADIA PENITENCIAL DE LA SANTA VERA CRUZ DE VALLADOLID.

Introducción.

Estimado Alcalde, Cabildo de gobierno y cofrades de la Ilustre y Venerable Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz; Presidente y miembros de la Junta de Semana Santa, queridos hermanos cofrades y representantes de las diferentes cofradías de Semana Santa de Valladolid; dignísimas autoridades aquí presentes; estimados todos.


Se me ha brindado con motivo del inicio previo a la Cuaresma 2017 y como preparación a la Semana Santa vallisoletana, la ocasión de pronunciar este pregón que lleva por título: In hoc signo Vinces. Con este signo vencerás. Que sirva como anuncio de lo que está por venir, y en particular, de los actos y celebraciones propios. No me podía negar, ante esta posibilidad, estando en deuda, como estoy, con nuestro Santo Cristo del Humilladero y con Nuestra Señora Dolorosa de la Vera Cruz. Sin olvidarme de Santa Elena que preside este magnífico retablo mayor desde lo alto, junto a la Cruz, con su hijo el emperador Constantino, el que tuvo aquel sueño y vio la inscripción que le dio la victoria en el Ponte Milvio de Roma contra Majencio: In hoc signo Vinces. Con este signo vencerás, dando la libertad a los cristianos y el cese de laspersecuciones y la paz de la Iglesia en el 313 d.C.


Es en verdad grato para mí expresar estas palabras como cofrade de la Santa Vera Cruz, a la que me honro en pertenecer, y ante una cofradía histórica, como la nuestra, con tan especial y rico patrimonio. Por que de eso se trata al hablar en este caso de los símbolos de la Semana Santa y de la Pasión de Cristo, y de su triunfo verdadero en su Cruz y Resurrección. Conviene aquí hablar de un rico acervo patrimonial y simbólico, que representa en nuestras cofradías penitenciales algo genuino y único, pero que es vivido por toda la Cristiandad en estas fechas en las que se rememora la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. El tiempo en la liturgia de la Iglesia nos habla de pregones: de Cuaresma, de Semana Santa, de Viernes Santo, de Dolores, de Pascua… quizá debiéramos de saber para qué pregonamos, e ir a los orígenes, porque en definitiva se trata de anunciar una Buena Noticia, la de la Redención del hombre, que se inicia en el Evangelio.


Los pregones del Evangelio.

En el Evangelio se anuncia la Pasión, de forma clara y rotunda, hasta por tres veces por boca del propio Jesucristo, no necesitaríamos, pues, más que releer y meditar. Tanto Mateo, Marcos y Lucas reflejan los tres que pronunció el Salvador. Los tres están muy próximos en el tiempo, se suceden en el último año de su predicación y en las últimas semanas antes de padecer, lo que será modelo de la evolución de la cuaresma (40 días) antes de la Pascua. Luego vendrá el relato de los misterios de la Pasión con toda su crudeza y simbolismo y de donde parten las imágenes que han llenado gran parte de la iconografía cristiana hasta nuestros días.


El primer anuncio es en Cesarea de Filipo; ante la muerte de Juan el Bautista, Cristo les aclara: “Es preciso que el Hijo del hombre sufra mucho y sea reprobado por los ancianos…, y que muera, y al tercer día resucite”. Luego tras el suceso de la Transfiguración en el monte Tabor les dice: “grabad bien en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres” pero ellos no entendían este lenguaje, tan oscuro para ellos, que no alcanzaban a comprenderlo. Y en el tercer anuncio cuando estaba cercano su final Jesús añadirá: “Mirad, subimos a Jerusalén y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre: será entregado a los gentiles y se burlarán de él, será insultado y escupido, y después de azotarle, lo matarán, y al tercer día resucitará” 1. San Mateo cita aquí a Jeremías como precursor del pregón o anuncio de la Pasión, sin embargo existen otros profetas del antiguo Testamento que también profetizaron su Pasión y Muerte: Isaías, Malaquías, Oseas...


¡Qué distinta sería nuestra vida si meditáramos con más frecuencia la Pasión del Señor! en palabras de un santo contemporáneo. Es más los cofrades tenemos una obligación muy especial en este tiempo litúrgico. Es lo que la santa y vidente Ana Catalina Emmerich recomienda a través de sus meditaciones de la Pasión que han dado origen a la famosa película de Mel Gibson. Ella afirma que Jesucristo citaba casi de continúo en ese tiempo final al profeta Malaquías pues venía a cumplir todas las profecías del Antiguo Testamento2. Y es también la meditación de Elena Kowalska (Santa Faustina de la Divina Misericordia) cuando cita en sus escritos palabras textuales de nuestro Señor: “A las tres de la tarde en punto, implora Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y, aunque sea por un breve momento, sumérgete en Mi pasión, particularmente en Mi abandono al momento de Mi agonía. Esta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero… En esta hora, Yo no rehusaré nada al alma que Me pida algo en virtud de Mi pasión3.


Palabras para meditar el próximo Viernes Santo a esa hora, y que nos impresionan, como nos impresionan aquellas tallas tan “bien meditadas” que son el origen del arte sacro de los imagineros al representar de forma plástica y tan real este suceso de la muerte de Cristo en nuestras calles de Valladolid convertida cada Semana Santa en una nueva Jerusalén con la procesión de las palmas el Domingo de Ramos y el Sermón del Viernes Santo en la Plaza Mayor, entre otras muchas representaciones de la Pasión.


En la pasada exposición Nazarenus, recordarán que se mostró la reproducción de un plano de Jerusalén del siglo XVI, el original se encuentra en la Biblioteca de Santa Cruz (existen otros ejemplares en la Biblioteca de Jerusalén, en la British Library…) en donde por primera vez por un tal Cristiano Adricomio Delpho se representa la Via Dolorosa o Via Crucis para todos aquellos peregrinos y fieles que no pudieran ir a Tierra Santa ocupada por los mahometanos.Sólo los franciscanos por especial privilegio se hicieron guardianes de tan rico legado.


Pues bien, en el se representa toda la Pasión en escenas: la Entrada triunfal del Mesías en una borriquilla entre ramos y palmas, hasta celebrar la Última Cena en el Cenáculo. La posterior escena de la Oración en el Huerto en el monte de los Olivos, el Prendimiento por los guardias y la traición de Judas. El paso del torrente Cedrón. El juicio inicuo ante Anás y Caifás, la negación de Pedro y sus lágrimas, el interrogatorio de Pilatos y Herodes, la condena a la flagelación y coronación de espinas. La presentación al pueblo: Crucifícale!, Crucifícale! y ya de Nazareno cargando con la Cruz camino del Calvario, con la presencia del Cirineo, Su Madre, la Verónica y las mujeres, hasta llegar a la colina del Gólgota siendo entonces despojado mientras perdona a sus verdugos y es elevado sobre la Cruz: Siete Palabras resuenan en el viento y su Muerte se convierte en Luz del mundo. Es el centurión Longinos quien lo comprueba clavándole la lanza en el costado y es entonces cuando manó Preciosa sangre y agua. Tras descenderle de la Cruz lo depositan en brazos de su Madre María. El Salvador del mundo muerto parece que ha fracasado. Es la Soledad y Angustia más absoluta. Es el Santo entierro en el Santo Sepulcro en espera de la Resurrección. La Pascua ha terminado.

 

¿No es esta reseña un resumen claro y compendio de nuestras cofradías y pasos procesionales?.


Francisco Javier Martín Abril ha recogido magistralmente (La Semana Santa en el presente. El encuentro de la ciudad consigo misma, 1941) este acontecimiento refiriéndose al Viernes Santo: “Podríamos decir que la tragedia de la primavera tiene su justo desenlace en esta magna ópera religiosa de la procesión general del Viernes Santo en Valladolid. Es el itinerario de la procesión, de la gran procesión, compendio y síntesis de todas las solemnidades de la Semana Santa de Valladolid.


Si queréis gozar de un espectáculo maravilloso en que la fe y el arte se unen en intenso abrazo, venid a esta vieja ciudad de Castilla. Lo típico en Valladolid, se convierte en clásico, de categoría universal”. Y concluye: “no encontramos en España, ni en el mundo, un conjunto más completo y armónico de arte procesional”.


El patrimonio espiritual y material de la Vera Cruz

Permitidme un paréntesis antes de afrontar nuestro patrimonio espiritual y material de la Vera Cruz: Al llegar estos días, uno empieza a recordar esas vivencias infantiles y juveniles, ese ambiente a cera e incienso de la Semana Santa, ese deambular por las calles para el encuentro de Cristo y su Madre, los pasos monumentales como el de las Tres Cruces de las Siete Palabras o el Descendimiento, todos son una maravilla de arte, de teatro de calle y espectáculo, como nuestro querido Reventón. Antiguamente, en el siglo pasado, la antesala a la Semana Grande era siempre la procesión infantil de la Borriquilla. ¡Cuántos niños saliendo y en las aceras! Por los altavoces se proclama el ¡Hosanna! ¡Gloria al Hijo de David!…; alegoría bíblica de la entrada de Jesús en el templo de Jerusalén pero esta vez lo será a través de la puerta de la Vera Cruz, en una belleza plástica de palmas y cánticos que se renueva todos los años. Ahí el paso de la Borriquilla portado en andas tendrá un sentido más real y emocionante si cabe al entrar con la comitiva del señor obispo, clero, autoridades y cofradías.


Algo similar experimentábamos de niños en la acera de Santiago, cuando con mis hermanos/as cuidaba las sillas para presenciar la procesión General del Viernes Santo siempre a la altura de El Ideal y Simeón, esquina a Doctrinos. Con bocadillos y mantas pasábamos la tarde porque al caer la noche hacía frío y tanto que los forasteros enseguida se daban cuenta de que era verdad: había que protegerse. Llegado el momento se exclamaba con impaciencia: ya llegan! Los caballos, la música ronca de tambores y trompetas, las carracas, los silencios… Todo el mundo en orden y en silencio en ambas aceras presenciando el ordenado paso de la procesión. Luego al terminar un premeditado desorden: ¡la procesión de las sillas, sobre las cabezas! y más cuando se interrumpía la función por la lluvia.


Sí bullicio pero también el silencio… ese silencio tan genuino que se vive por la noche en las procesiones más íntimas y cuando se puede dialogar con las imágenes. Estas figuras de arte, aún en la calle, nos hablan a través del silencio.


San Juan Pablo II afirmará en 1998 en su alocución ante la Sábana Santa de Turín que: nuestro tiempo necesita redescubrir la fecundidad del silencio, para superar la disipación de los sonidos, de las imágenes y de la palabrería, que muy a menudo impiden escuchar la voz de Dios. Y como bien dice Thomas Merton, monje cisterciense:“Muchos buscan con avidez pero encuentran únicamente aquellos que permanecen en silencio”. Y añade: el silencio nos protege de la mundanidad y del ruido incensante de nuestra sociedad moderna, no hay que olvidar que el silencio es el “lenguaje de la contemplación” como cuando observamos una obra de arte en un museo o escuchamos música clásica, que también está hecha de silencios.

 
El silencio es fuente de luz… se dice que el templo de Salomón fue edificado con piedras extraídas y labradas bajo tierra, a fin de que ningún sonido de martillo y cincel quebrara el silencio sagrado en el cual se levantaban hacia el cielo las paredes de la casa del Señor…


Un silencio tan necesario del Jueves al Viernes Santo con la vela nocturna o matinal al Santísimo en tantas iglesias penitenciales de la ciudad y que aquí en este templo tuvo siempre un sabor especial, aún con las largas colas en la visita del público, ávido de ver las tallas de Gregorio Fernández, pero reverenciando al Señor como en voz baja, entre el humo de las velas y el incienso. ¡Qué maravilla de tradición! Para el que los habla una tradición que hemos podido vivir cada año especialmente cuando fue rector don Ramón Hernández y saliendo en procesión con el entonces secretario de la Cofradía Ángel Iglesias, con Santos Villa, con Zacarías Gobernado, los Bayón y Zamora, Nieto y Casado, Cano, Martín de Uña y tantos otros hermanos que lo han sido y los aquí presentes. Entonces –con Iglesias- tuve el privilegio de portar en la procesión del Viernes Santo por primera vez y revestido de fino brocado sobre el hábito penitencial el Libro de Regla de la Cofradía, ese venerable libro en estuche de plata que procede del s. XVI con las bellas ilustraciones de la Santa Cruz, el emperador Constantino, y la Crucifixión.


Llevo ya casi cuarenta años en la Cofradía (el 14 de marzo se cumplen), pues fue en 1977 cuando el entonces secretario Francisco Fonseca me recibía como hermano cofrade en nombre del Cabildo de Gobierno, y aunque no siempre haya podido dedicar el tiempo que desearía, por ejemplo en nuestra vocalía de patrimonio junto con Luis Alberto Mingo, tengo la certeza que el esfuerzo de conservación de nuestra identidad por todos los que han ejercido cargos de dirección y sus colaboradores ha sido importante. Ahora nos toca comenzar una nueva etapa de aniversarios y conmemoraciones. ¿Estaremos a la altura de tan gran reto?


Cómo no recordar aquí y ahora la celebración del V Centenario de la Cofradía cuando tuve la oportunidad de participar en la exposición Cinco siglos tras la Cruz de Cristo en el interior de este templo, gracias al impulso de Manuel Casado y José Angel Carreño. Los alumnos y alumnas de la Escuela Superior de Turismo a los que dirigí en el guiamiento de la misma hicieron sus prácticas con gran éxito de visitantes. Recuerdo que le explicaba con detalle a mi amigo Pepe Millaruelo que la talla del Atado a la Columna era un modelo perfecto de canon clásico de ocho cabezas, a lo Lisipo, llegando Gregorio Fernández a proporcionar en pies castellanos muchos de sus pasos (de la misma medida o similar he comprobado ocurre con el Nazareno de la Pasión sin atribución confirmada y hay otros ejemplos).


En ese mismo año 1998, permítanme la digresión, participando en el proyecto Valladolid Renace, para la rehabilitación del Casco Histórico y Plaza Mayor, pudimos proyectar, siendo concejal de urbanismo Gutiérrez Alberca, unas placas en el pavimento en donde se reseñaban los antiguos corrales de oficios y antiguas calles, así como el antiguo Ayuntamiento y la situación exacta de la Portada de San Francisco. Allí se situó una placa con el lugar en donde tuvo asiento la Cofradía de la Vera Cruz como se puede comprobar actualmente junto a los portales de Mentaberry. Por aquellos años se arregló la calle Platerías con la “Casa de la argolla” esquina Macías Picavea-Rua Oscura, así la denominamos en nuestro estudio de la Plaza Mayor, único edificio conservado de la Reconstrucción de 1561 y en donde se originó el famoso incendio. Este edificio será de tipología similar a la Casa de Cofradía. Y allí, subido a los andamios, para medir todos los elementos históricos y de interés, como antes lo habíamos comprobado en 1991, elemento a elemento, en la fachada-balcón de la Vera Cruz, que hemos comparado con la de las Angustias y la de la Pasión, en una tipología de templo y fachada balcón de carácter civil muy propia y casi exclusiva de Valladolid en época de la Corte y que
seguramente poseían las penitenciales de Jesús y Piedad.


En el caso de la Vera Cruz como en otras penitenciales se aúna además una escenografía de plazoleta (corro se llama en Sevilla), un escenario perfecto para el Via Crucis urbano, en perspectiva desde la calle Platerías, meta de salidas y entradas, o paso de procesiones de la Semana Santa vallisoletana. La sala de teatro o aforo es la calle –antiguo Ponteveccio o calle puente sobre el Esgueva- que hace vaguada hacia la Vera Cruz, escenario teatral que a modo de arco de triunfo se abre al interior del templo y tiene a los lados los accesos en esviaje de Rua Oscura y Guadamacileros al estilo del teatro de Vicenza. Un verdadera joya urbanística que a fuerza de verlo tantas veces nos pasa desapercibido. En opinión de Bonet Correa el enmarque de los edificios renacentistas de la calle sumado a una gran fachada clasicista solemniza el espacio procesional y lo convierte en un verdadero Sacromonte urbano4.


Es curioso la Vera Cruz como ocurría en Sevilla tendrá establecida la estación penitencial5 en su procesión de Regla y se realizaba desde el templo donde se residía a varias iglesias o conventos de la colación. Así, por ejemplo, la Vera-Cruz realizaba cinco estaciones, al Convento de San Francisco, a la Catedral, al Salvador, a Santa María Magdalena y al Convento de San Pablo.


Delante tenemos estos carteles que nos anuncian y proclaman un ritual de fe y devoción hecho arte imaginero en triduos y novena para la Cuaresma –lo que es correspondido paralelamente en este templo por las cofradías residentes- pero también en aquellos actos y procesiones propios de la Semana Santa. Son estampas hechas arte: el paso de la Oración en el Huerto, de su discípulo Andrés Solanes; el paso del Azotamiento del que hemos conservado en nuestro templo este excelso Cristo flagelado, el Señor Atado a la Columna, icono tan singular de nuestra Semana Santa. Será el besapié algo ya tradicional en el próximo miércoles de ceniza. 

El Cristo de los artilleros, el Ecce Homo también de Fernández, que parece llorar por nosotros y por nuestros hijos cada vez que sale por la puerta del templo. ¿Por qué no acompañarlo con la mirada?: su santo rostro ha padecido tanta blasfemia, tanto insulto, tanta presunción y envidias. ¡Señor perdónales que no saben lo que hacen!. Y Llegamos al Calvario primero con el venerable Cristo del Humilladero, titular del templo durante casi un siglo y procedente de la antigua Ermita-Humilladero de la Cruz del Campo, luego Campo Grande (es curioso como Sevilla también tuvo uno similar, Cruz del campo, existiendo la cofradía de la Vera Cruz desde 1448). Luego El Descendimiento, obra sin par de Fernández y su taller, ¡qué decir del Reventón! ese teatro móvil que dado su peso crujían las maderas de la iglesia cada vez que salía por la puerta del templo. Y terminaremos, como tributo elocuente, a nuestra Dolorosa de la Vera Cruz en su novena del Viernes de Dolores antes de la Semana Santa. Qué recuerdos, cuando por motivos de trabajo, estando promocionando el Camino de Santiago, llegábamos ese mismo viernes a Valladolid para sumarnos al rezo amoroso a nuestra Señora: Quien no llorara Madre, si os viera sujeta a tanto rigor. Porque llorando se reza más que con palabras, y por supuesto cantando esa Salve acompasada por un coro bien dispuesto.

 

Alguien dirá –alguno de los más jóvenes- ¡se olvida del paso de la Borriquilla!, ese paso casi de juguete que siembra la admiración de los niños y de todos el Domingo de Ramos entre madera, telas y papelón: un prodigio que imita el estilo del mismísimo Berruguete, y que tendrá su dedicación en la misa de las secciones infantiles de las diversas cofradías de la ciudad.


Sin embargo todo esto no hubiera sido posible sin nuestros antepasados y en especial aquellos imagineros que han enriquecido, a un nivel tan universal, nuestro patrimonio.


Me preguntaba en una ocasión viendo a la gente ensimismada en la calle o en el templo ante la mirada del Señor Atado a la Columna o de su bendita Madre Dolorosa (hay otras imágenes de
las que se podría decir lo mismo): ¡Cuántos millones de oraciones y lágrimas, de los espectadores de la Semana Santa, se deberán a su mano!.


Estas obras revelan un impresionante testimonio de arte y fe a través de las manos del maestro Gregorio Fernández. Como manifiesta Jesús Urrea, Gregorio Fernández es uno de los pocos escultores españoles auténticamente populares. Sus obras no han sufrido los altibajos de la moda. El interés ha ido siempre en aumento. La admiración por Fernández reside en niveles puramente estéticos derivados de su calidad artística aunque -añadimos nosotros- también en transmitir una espiritualidad y una fe que trasciende su época6. El número muy elevado de obras maestras que fue capaz de idear le coloca por derecho propio entre los artistas más famosos del Barroco Europeo dentro de aquellos auténticamente originales (Rubens, Velázquez o Bernini). Estudiosos como A. Palomino ya dijo de él: “no ha de haber en este mundo dinero con qué pagar lo que dejare hecho”.


Detengámonos por un momento en el Señor Atado a la Columna, que supone un verdadero privilegio para la Cofradía. Es un milagro que haya llegado hasta nosotros después de 400 años. Estimamos que la fecha de ejecución puede ser anterior en torno a 1615-17, luego entonces ya estaríamos en el centenario.


Este Cristo nos mira, y cabe pensar que puede ser casi el único Cristo de la Semana Santa que nos mira. Además este Cristo tiene un lugar especial en el templo para mirarle y que te mire en ese retablo colateral que en 1693 realizara Alonso del Manzano, aunque no es el que tuvo en origen que se encuentra a la derecha, a los pies del templo. Una señal en el pavimento o hito sacro ante el que uno pueda arrodillarse o estar detenido un tiempo ante la imagen, ayudaría a solemnizar este espacio, ya que las indulgencias concedidas por los Papas, a ninguna otra talla de la Cofradía se concedió. En 1619 se solicitó incluso una Bula papal para que la imagen se tratara como auténtica reliquia: con Indulgencia y Jubileo a imitación de la Llaga que a N. S. Jesucristo le hicieron en sus sagradas espaldas


Y no es casualidad tampoco que la cofradía eligiera como remate de su antiguo retablo la Santa Faz o Mandylion vaticano, que ahora se encuentra a la entrada del templo con la advocación de la Soledad. Esta relación y culto a la Santa Faz será importante para la cofradía pues por este motivo se había integrado al Cristo a la columna con su espalda tan llagada: “quien me mira me consuela”. Palabras del Señor en una revelación de la Santa Faz a una carmelita francesa María de San Pedro en el s. XIX y cuya devoción continuó Santa Teresita de Lisieux, del Niño Jesús y de la Santa Faz, así se llamaba en el Carmelo. Esta es una devoción que tuvo especial privilegio de los Papas desde la Edad Media por toda Europa. Los grabados de Durero lo confirman y Santa Teresa de Jesús también lo vio así en el Cristo a la columna de Ávila. 


Será León XIII y luego Pio XII quien instituya la fiesta de la Santa Faz el martes de Carnaval anterior al miércoles de ceniza para venerar tan sagrado misterio y que aquí en la penitencial tendrá su reflejo ante el Atado a la Columna en su ya tradicional besapié que inicia los actos de culto en nuestra penitencial.


Este Cristo te mira. Y hay un punto de vista en el que el Cristo Atado a la Columna te mira en profundidad y te traspasa como lo ha experimentado algún artista y todo aquel que lo contempla en silencio. Mira si es especial la mirada de este Cristo que cuando se restauró para las Edades del Hombre de Segovia, en el año 2000, se encontró en uno de sus ojos (derecho) una oración que seguramente puso allí el propio escultor… ¡Esto si que es el sentir de esta tierra castellana…!


Aunque: ¡Qué fríos y secos parecemos a veces los vallisoletanos!, nos ha hecho así la tierra dicen: casi nunca exteriorizamos nuestros sentimientos como en otras latitudes; pero tenedlo en cuenta: el vallisoletano, su sentimiento lo guarda por dentro como en este Cristo: llora por dentro tanto pesar y tanta maldad de los hombres: Perdona a tu pueblo Señor, no estés eternamente enojado… y se arrepiente… como el que toma en serio su hábito en silencio, sin chismorrerías y distracciones vanas, o el que arrastra una cruz, lleva una carroza o porta en andas con cariño y pesadumbre a Cristo o a su Madre Dolorosa –yo también pude en tiempos llevar a nuestra Soledad en aquellas madrugadas frías del Viernes Santo cuando hermanados salíamos tres grandes cofradías de siempre: Angustias, Nazarenos y Vera Cruz-. 


Hemos mencionado a la Madre, ¡otro privilegio que tiene la Cofradía y qué privilegio!, esa escultura magistral tallada casi por ángeles, esos ángeles de Gregorio Fernández y su taller que aparte de su belleza estética toda la escultura se concibió para mirar el rostro de Cristo y abrazar a su Hijo descendido de la Cruz. Debió atraer tanto su mirada, que 1745 la Cofradía decidió sacarla a solas en andas y en el s. XX en su propia carroza, sustituyendo la imagen original por una copia en el paso del Descendimiento. Así se pasó, de mirar a la Virgen que mira a Cristo, a mirar a la Madre directamente: esos tus ojos misericordiosos… y Ella siempre abraza en su mirada a todo el que se acerca a este templo.


Hablando de procesiones, recuerdo ahora también con gusto el haber procesionado con la cofradía hermana de la Sagrada Pasión y dar la “llamada de honor” a la salida del paso del Santísimo Cristo del Perdón en un Jueves Santo luminoso. Siempre fue el Jueves Santo uno de esos días preferidos para procesiones de día, como la del Cristo de la Luz, emocionante siempre en esa misma mañana. Después de los santos Oficios a las cuatro y media en nuestra penitencial y entre visitas a los monumentos de templos y monasterios por la ciudad se salía en la procesión de la Cárcel7.

 
Esas visitas a monumentos que supongo sabemos por qué se hacen a siete iglesias y no a cinco o a cuatro. Pues bien esta tradición fue iniciada en Roma en el s. XVI por San Felipe Neri que instituyó la peregrinación a las Siete Iglesias o Siete Basílicas Mayores (S. Juan de Letrán, Santa Maria la Mayor, San Pedro, San Pablo…) con música, oración y merienda durante el Carnaval romano –para contrarrestar el ambiente diríamos-.


Por cierto esta insigne Cofradía de la Vera Cruz tuvo y tiene asiento permanente en el Cabildo de la Basílica de San Juan de Letrán por privilegio papal desde el siglo XVI. De ahí que los pontífices hayan concedido numerosas indulgencias a la Cofradía y a sus miembros. Una distinción que nos une más si cabe a Roma tanto en el signo o emblema de la Cofradía como en las características romanas de este templo y patronos: El emperador Constantino en su fachada principal y Santa Elena y su hijo en el retablo mayor. ¿Qué relación oculta existe en Valladolid con Santa Elena? Pues sabemos, que tuvo una ermita dedicada en el lugar de la actual iglesia de El Salvador, en la capilla de los González de Illescas, que ostenta los símbolos de la Pasión y un osario o cripta debajo. La portada del Salvador la realizará el mismo arquitecto que diseña la primera portada del Azoguejo luego de la Vera Cruz: Juan de Escalante. Pero Santa Elena también tiene una relación estrecha con el Colegio de Santa Cruz, crisol de cultura, dedicado desde su fundación por el cardenal Mendoza a la Santa Cruz de Jerusalén, con Santa Elena presidiendo el arco de su fachada principal. Es importante señalar que el mismo cardenal era titular de la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma y que edifica el primer edificio del Renacimiento español en época de los Reyes Católicos, precisamente en Valladolid. No son por tanto casuales tantas coincidencias como la permanencia de Santa Elena y la Cruz en las celebraciones importantes desde finales de la Edad Media en nuestra ciudad. Será sin duda lo que dará origen con el tiempo a una Semana Santa del Siglo de Oro que ha estudiado con acierto en Cinco siglos de cofradías y procesiones Javier Burrieza.


Precisamente a Santa Elena se debe que esta cofradía celebre con fiesta solemne cada 3 de mayo la Invención de la Cruz, gracias a la primera arqueóloga cristiana que en el 326 d. C. descubriera la Vera Cruz, Clavos y Títuli con el Inri en un lugar próximo al Calvario de Jerusalén y en donde edificara la Basílica del Santo Sepulcro. Estas reliquias tras dos milenios se guardan aún en la Basílica de la Santa Cruz de Roma erigida por la propia santa. Para nosotros es un honor y una tradición única en su género el ser depositarios del Lignum Crucis: In hoc signo Vinces, dice la leyenda de la Cruz que da título a esta Iglesia.

 
Así la Cofradía durante muchos años tuvo una presencia festiva en la ciudad, siendo ésta de primera importancia, sobre todo con la estancia de la Corte y luego en los siglos XVII y XVIII.

 
Reflejo son esas pinturas, descubiertas por Jesús Urrea, algunas conservadas en la Casa Consistorial, que reproducen los tres días de la fiesta de la Cruz de mayo con desfiles, corridas de toros y procesión solemne por la Platería hasta su templo terminado en 1595 y ampliado en 1681.


Templo que se comenzó un siglo antes, por privilegio regio, pues desde Lisboa Felipe II otorgó carta de posesión de este lugar a la Cofradía, de Iglesia y Hospital, en 1581, junto a la antigua muralla medieval y puerta preexistente, en la denominada puerta del Azoguejo o puerta del Sol. Esta puerta que tan bellamente remata ahora con su portada la calle de la Platería, una de las más hermosas calles de Europa, estudiada por los italianos que ven un antecedente de las realizaciones urbanas en Palermo, Nápoles y Roma a fines del s. XVI y principios del s. XVII.


Si amigos, este templo es un lugar privilegiado en la ciudad, frons scena y calle procesional por excelencia, como hemos manifestado anteriormente y en palabras de mi maestro y admirado Martín González. Es un Sacromonte penitencial y Via Dolorosa de Jerusalén en cada Miércoles Santo, cuando el Nazareno es Cristo que pasa entre el asombro y la contemplación de propios y foráneos ante el encuentro con la Madre Dolorosa en el arco de la Vera Cruz. Y no sólo entonces pues en Semana Santa no nos cansamos de andar por ella y ver desfilar muchas procesiones y en concreto la Procesión de Regla de la Vera Cruz que en la noche del Jueves parte de la penitencial hacia la Acera de San Francisco, en donde, muy probablemente, a finales del s.XIV y principios del s. XV, ya tenía acomodo en el monasterio franciscano la Cofradía y desde allí organizaba sus procesiones. Estamos hablando muy posiblemente del origen y matriz de las Cofradías de Vera Cruz de toda Españaen el monasterio cabeza de toda la provincia franciscana que lo fue durante siglos hasta su derribo con la Desamortización de Mendizábal.


Vemos que la Vera Cruz, la decana de las Cofradías de Valladolid, tiene una responsabilidad especial y un reto como es recuperar la excelencia, en sus cofrades, en sus tradiciones y en su patrimonio. Historia nos obliga. Conservamos la reliquia más importante de la Cristiandad, empapada con la Sangre de Cristo, y traída de Liébana a través de Roma y Jerusalén. Sabemos que fue realizada en madera de ciprés Cupresus semper virens según las investigaciones del Instituto Forestal de España. No deja de ser curioso que existiera en el monte Sion, en la ciudad de David cercano a su palacio frente al templo un bosque o jardín de cipreses que seguramente santa Elena conoció: “árbol que mil años dura” (Oseas). Y no deja de ser singular que nuestra insignia y emblema sea siempre la Cruz entre dos cipreses, símbolo venerable traído por los franciscanos de Tierra Santa y que con la adoración de la Cruz se hizo extensible a la Orden Tercera y a las Cofradías de la Vera Cruz.


El Lignum Crucis, simboliza además el Leño verde, árbol de la vida que florece cada primavera, símbolo de Cristo que recibe el castigo por nuestras culpas (pues si al leño verde le tratan de esta manera ¿en el seco que se hará? Lc.XXIII, 28,31). Este color que fue citado por el mismo Jesucristo en su Pasión redentora es nuestro distintivo: un distintivo de sacrificio, de servicio, de obras de misericordia. No está basado en una invención más o menos acertada, está grabado en las palabras del propio Jesucristo. Así durante mucho tiempo la cruz desde la Edad Media y en las cofradías de Vera Cruz será siempre el verde bosque. Este color verde bosque que antes identificó otro lugar y antigua sede: la plaza de la Cruz Verde. Podríamos decir que esta cofradía tiene un color especial…


Pero Hagamos memoria… Es además el Lignum Crucis una pieza verdaderamente milagrosa que se contiene en una ampolla dentro de la Cruz-relicario de plata, oro y piedras, y bronce dorado, labrada con primor en el s. XVII. Las andas fueron encargadas por la Cofradía a Pedro Cortés de la Cruz el 23 de marzo de 1661 y desde entonces presidió el retablo mayor. En el s. XVIII se ubicará en el actual retablo colateral. Ha sido además talismán para este templo pues desde el siglo XIX ha sentido las amenazas de ser derribado ¿tanto molestaba a los intereses económicos de la burguesía ciudadana?. No son casualidad histórica todas estas circunstancias y por todo ello merece la pena que llegue el tiempo de solicitar a Roma un jubileo especial para este santuario de la Vera Cruz que debe ser debidamente dignificado como ocurre en otros lugares de España como en la Santa Vera Cruz de Caravaca (Murcia) o más importante aún en Santo Toribio de Liébana (Cantabria) en donde se conserva el trozo más grande del madero de la Cruz.


Socarronamente un Calvino habló de que si se juntaran los trozos o astillas repartidos por iglesias y conventos llenarían un galeón. Qué necedad mas gratuita. Si juntáramos todos estos trozos no se llegaría a completar ni siquiera un brazo transversal de la Cruz como se ha comprobado científicamente.

Por cierto Vera Cruz (Villa Rica de la Vera Cruz) será el nombre que el conquistador Hernán Cortés, de a la primera ciudad del continente de América, en México, precisamente un Viernes Santo, 22 de abril de 1519 (ya tenemos otro aniversario más a celebrar para que lo apunte el Sr. Secretario). Me direis hay tanta efeméride en las viejas hermandades y cofradías que parece no se termina nunca. Ahora son otros tiempos más sobrios ¿pero ahora también se puede por qué no?


Como el hecho de que el conjunto de la Semana Santa de Valladolid sea declarada Patrimonio de la Humanidad pues recordarán que gracias a la unanimidad de los grupos políticos municipales se votó en el Pleno del Ayuntamiento en 2014 una moción para solicitar a la UNESCO que sea declarada la Semana Santa y en particular el Viernes Santo como Patrimonio cultural intangible de la Humanidad.


Y termino. Podemos concluir en que la serie de privilegios de esta cofradía histórica, además del legítimo orgullo de un patrimonio tanto espiritual como material heredado, conlleva la responsabilidad de conservarlo para las nuevas generaciones de cofrades y por supuesto para todos los vallisoletanos.


Un documento: diploma en papel sepia con el Lignum Crucis y el sello de la Cofradía de la Santa Vera Cruz -al que he aludido anteriormente- resume estas palabras que deben estamparse para las nuevas generaciones y que son nuestra identidad como cofrades: el Sr. Secretario certifica que en Cabildo celebrado por su Junta de Gobierno se acordó recibirte por Hermano Diputado de ella…. para que pueda gozar de todos los Privilegios, Jubileos, Indulgencias, Misas, Sufragios, Oraciones y de todo lo demás que participan por Bulas Apostólicas todos los individuos de dicha Cofradía de los cuales les hizo participante; y mandó se le sentase por mi el referido Secretario en los Libros de dicha Cofradía y que se le entregase el correspondiente Testimonio de tal Diputado, que es el presente que firmo en Valladolid (fecha infrascripta).

En definitiva, debemos entender y respetar la contribución imprescindible de las cofradías penitenciales que juegan una importante papel en la vida cultural y patrimonial de la ciudad. La Cofradía de la Vera Cruz los ha conservado en sus insignias y estandartes, también en la fachada de su antiguo templo, y en su imaginería procesional como lo denotan estas hermosas tallas. Esta tradición ha influido durante siglos las celebraciones y hasta en la música que acompaña estos magníficos pasos procesionales. De nuevo en este año 2017 romperá a sonar y emocionarnos con sus himnos en el silencio de nuestra Semana Santa.


Muchas gracias.

 

1 Mt. 20,17-19; Mc. 10,32-34 y Lucas, 18,31-34
2 Emmerich, Ana Catalina: La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Madrid, 1882. Ed.facs. Maxtor, 2004.
3 Kowalska, Elena (Santa Sor Faustina): Diario. La Divina Misericordia en mi alma. Stockbrigde, Massachusetts, 1996; p.472.
4 BONET CORREA, A.: “Sacromontes y Calvarios en España, Portugal y América latina”; pp.173-213.
5 La celebración de la Pasión se iniciaba con la ceremonia de las Señas o Insignias, en que se tremolaba el estandarte de la cruz en el altar mayor por parte del Chantre. El Domingo de Ramos se organizaba desde la catedral una procesión, en que participaban todas las cruces de las parroquias y que discurría alrededor del templo catedralicio. La ruptura del velo, el miércoles, era la indicación para que las cofradías comenzaran a salir de sus templos, a recorrer la estación de penitencia. Habría que investigar si algo parecido existía en nuestra ciudad y con nuestra penitencial pues la importancia de los símbolos es definitiva para justificar una tradición. Pues no salimos a la calle sin más, y la riqueza del ritual basado en una sabiduría de siglos da la razón de ser de una tradición y no algo creado artificiosamente.
6 Concilio de Trento. Sesión XXV. 4-12-1563
"...declara que se deben tener y conservar, principalmente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen madre de Dios, y de otros santos, y que se les debe dar el correspondiente honor y veneración: no porque se crea que hay en ellas divinidad, o virtud alguna por la que merezcan el culto, o que se les deba pedir alguna cosa, o que se haya de poner la confianza en las imágenes, ...sino porque el honor que se da a las imágenes, se refiere a los originales representados en ellas; de suerte, que adoremos a Cristo por medio de las imágenes que besamos, y en cuya presencia nos descubrimos y arrodillamos”
7 Una peculiar cofradía de penitencia aparece a fines de siglo en la Cárcel pública de Sevilla, cuya existencia no es muy considerada por los cronistas oficiales de la Semana Santa, quizás por el reducido entorno en que se desenvolvía. Fue creada por el Padre León, un jesuita que ejercía su ministerio pastoral entre los presos. Empezó como una hermandad anti-blasfemia y terminó como cofradía de penitentes. La procesión desfilaba el Viernes Santo por el interior de la cárcel, con disciplinantes e insignias, como cualquier otra cofradía sevillana; contaba incluso con una pequeña "bolsa de caridad" con la que se libraban algunos presos por deudas. El propio jesuita lo narra: "Procuré con muchas veras estirpar el abuso notable que había en las cárceles de jurar y blasfemar, predicándoles de los males y daños que han venido al mundo por este vicio. Y para más obligarlos, hice una cofradía o congregación del nombre de Jesús contra los juramentos, en la cual se asentaron todos los que actualmente estaban presos entonces, y se iban asentando los que de nuevo entraban y estaban algún tiempo presos; y se avisaban unos a otros cuando se oían jurar, que era una de las reglas de la cofradía…era tan de ver la procesión, que venían gentes de fuera de la cárcel a verla, y decían que no había ninguna tan devota con sus pasos de la pasión y su estandarte y sus bocinas y muy gran número de disciplinantes, todos presos, y con muy grande concierto, y a la verdad como era dentro de la cárcel parecía que tenía un no sé qué de correspondencia con los azotes, que le habían dado a Nuestro Señor Jesús en la cárcel y prisión.