Nuestra primera Iglesia

 

Cuando se edifica la Iglesia

Fachada de la Iglesia de la Vera Cruz

   En los últimos años del siglo XVI, adquiere tal importancia, que la capilla conventual resulta pequeña, "por el mucho concurso de gentes que de ordinario asisten" y para obviar tan grave inconveniente, los hermanos juntos y congregados en la sala donde tienen por uso y costumbre celebrar sus cabildos, acordaron por voto unánime, pedir al Ayuntamiento ciertos suelos, que tenía en el testero de la Costanilla, al final de las Platerías, donde habla de edificar la iglesia, hospital, y demás dependencias.

 

Los regidores una vez obtenida la correspondiente licencia real, venden a la cofradía en juro de heredad, "para agora e para siempre jamas", por precio de mil ducados de contado, más doscientos maravedíes de censos cada un año, "por el derecho de señorío de dichos suelos". Seguidamente, unida a la escritura de venta, va un pliego con ciertas condiciones que atañen al ornato del nuevo edificio. Como lugar de tan gran concurso, por la proximidad de los obradores de los maestros plateros, agrupación gremial, a buen seguro del mayor realce de la ciudad, exigen a la cofradía pongan el máximo celo en la hechura de su iglesia, que había de ser de muy buena fábrica, con retablo mayor y colaterales. En la portada se coloque una reja larga de hierro y en el arco una imagen de Nuestra Señora dorada, "de oro y azul". No olvidan de recordarles, que en la fiesta del Corpus Christi, y procesiones generales, como igualmente en los recibimientos y entrada de los Reyes, sean obligados de adornar todo el edificio, y colocar por la noche luminarias, cuyos gastos corrían a cargo de los fondos de la Cofradía. Iten más, las tiendas y portadas, abiertas en las calles de Rúa Oscura y Azoguejo, sin duda queriendo hacer cumplir una pragmática de los Reyes Católicos, les exigen que habrían de ser alquiladas a plateros o tiradores de oro, y "no otro oficio".

 

Aparece encargado de la obra Domingo de Azcutia, alarife, tan sólo lo tocante a carpintería, cubiertas de la capilla mayor, sacristía, escalera de acceso a la sala de cabildos, a toda costa de madera, yeso y clavazón, obligándose a darla terminada con la máxima perfección a vista de oficiales, por precio de cuatrocientos ducados, y en todo siguiendo los diseños hecho de mano y pluma de Pedro de Mazuecos arquitecto, "criado de su magestad maestro mayor de los archivos reales".

 

La escritura de concierto se otorga el 14 de diciembre de 1589. En ella figura como fiador su hermano Damián de Azcutia, escribano del número. Pocos años más tarde -7 octubre 1595-, los alcaldes de la cofradía solicitan de la autoridad eclesiástica licencia para tomar a censo trescientos ducados, a razón de catorce mil el millar, cantidad que había de ser empleada principalmente en saldar los gastos hechos con motivo de la portada. Habiendo fallecido Pedro de Mazuecos, encomiendan la empresa a Diego de Praves, arquitecto de las obras reales, como su antecesor, quien nombra de colaboradores a Lucas Ferrer y Juan de Nurabay, que llevan a cabo lo tocante a cantería y albañilería, y Juan del Barco, maestro rejero, que labra el balcón imperial, y las dos rejuelas laterales. De la obra primitiva sólo queda el pórtico, o gran fachada, versión simplificada de un hastial romano, hecho por un artista educado dentro de las normas del más puro clasicismo. No hay que olvidar, que Praves trabajó en las obras de nuestra Iglesia Mayor, donde se formó su idioma expresivo en trato y relación con el insigne arquitecto de "El Escorial". Quizá sea una de sus obras más destacadas la monumental fachada "caprichosa y bella con su orden compuesto que nos gusta paladear pensando en los buenos ejemplos de Italia". Ponz la incluye entre las obras de Herrera.

 

         Seguidamente por escritura de capitulaciones otorgada el 22 de julio de 1596, Juan del Valle alarife se encarga de llevar a efecto todo lo referente a ladrillo y yesería.