Ofrecimiento de los Dolores 2011

 OFRECIMIENTO DE LOS DOLORES 2011 

A CARGO DE: 

D. RAMIRO RUIZ MEDRANO

Presidente de la Diputación de Valladolid

 

Con una renovada y fortalecida fe, me dirijo a ti Señora y, humildemente, te pido amparo y perdón, uniéndome a ti en tus Siete Dolores: 

¡Dulce Madre mía! Al presentar a Jesús en el templo, la profecía del anciano Simeón te sumergió en profundo dolor al oírle decir: “Este Niño está puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y una espada traspasará tu alma”. 

¡Oh Virgen querida!, te acompañamos en las fatigas, trabajos y sobresaltos que sufriste al huir a Egipto en compañía de San José para poner a salvo la vida de tu Hijo. 

¡Virgen Inmaculada! ¡Qué sufrimiento te causó la pérdida de Jesús y cuántas fueron las lágrimas derramadas en aquellos tres largos días! 

¡Pobre Madre! Tuviste que contemplar a tu Hijo humillado, cargado con la cruz, responsable de todos los pecados de los hombres. 

María, Reina de los mártires, ¡qué horrible tormento al ver morir al Salvador, traspasado de pies y manos! 

¿Qué sentías Madre, al recibirlo muerto en tus brazos? 

Acompañas a tu Hijo al sepulcro y lo dejas allí, solo. Él murió por todos nuestros pecados, y ahora Tú nos perdonas y nos amas. 

  OFRECIMIENTO DE LOS DOLORES 2011 

A CARGO DE: 

D. RAMIRO RUIZ MEDRANO

Presidente de la Diputación de Valladolid

 

 

Con una renovada y fortalecida fe, me dirijo a ti Señora y, humildemente, te pido amparo y perdón, uniéndome a ti en tus Siete Dolores: 

¡Dulce Madre mía! Al presentar a Jesús en el templo, la profecía del anciano Simeón te sumergió en profundo dolor al oírle decir: “Este Niño está puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y una espada traspasará tu alma”. 

¡Oh Virgen querida!, te acompañamos en las fatigas, trabajos y sobresaltos que sufriste al huir a Egipto en compañía de San José para poner a salvo la vida de tu Hijo. 

¡Virgen Inmaculada! ¡Qué sufrimiento te causó la pérdida de Jesús y cuántas fueron las lágrimas derramadas en aquellos tres largos días! 

¡Pobre Madre! Tuviste que contemplar a tu Hijo humillado, cargado con la cruz, responsable de todos los pecados de los hombres. 

María, Reina de los mártires, ¡qué horrible tormento al ver morir al Salvador, traspasado de pies y manos! 

¿Qué sentías Madre, al recibirlo muerto en tus brazos? 

Acompañas a tu Hijo al sepulcro y lo dejas allí, solo. Él murió por todos nuestros pecados, y ahora Tú nos perdonas y nos amas. 

 

 

Podéis ver más fotografías de este acto en esta noticia